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Sala de Inquisición

De vicios y virtudes, de hechizos y conspiraciones
están hechos los hombres. 

En el inicio del siglo XVI, los territorios dependientes de la corona española gozaban de una posición económica ascendente como el imperio más grande y rico del mundo occidental. Con este potencial, la casa real debía buscar la paz entre los habitantes de sus tierras para poder unificar la monarquía desde la base misma de su poder político: la religión católica. Para ello se requería que la inquisición cuidara  de los intereses políticos de la corona, mediante la imposición y el control de la ideología católica. Todo cuanto estuviera en contra de ella sería un crimen de lesa majestad: una herejía.

Por los salones y la cárcel de este palacio inquisitorial pasaron personajes famosos, pero también gente común y corriente. En los registros se encuentran todo tipo de reos: hechiceros, brujas, adivinos, astrólogos, amancebados, sodomitas, blasfemos, judaizante, protestantes, calvinistas, depravados, mentirosos, licenciosos, pobres, ricos, cultos, ignorantes, curas, e incluso hasta uno que otro "loco", a veces más cuerdo que sus jueces.

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