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La Fisiología y sus instrumentos

Presentar un libro es como presentar una persona, normalmente uno expresa del presentado sus cualidades, cosas buenas y agradables, el problema con este libro es que además de las cosas buenas, me hizo pensar muchas otras y esas otras son las que justamente voy a compartir con ustedes, pues finalmente estoy convencida que la satisfacción del que escribe un libro, está justamente en eso, en como la lectura de su obra hace reflexionar al lector, tener ideas, encontrar respuestas o incluso, plantearse nuevas interrogantes.

Mi primera reflexión es que en mi visión personal, La Fisiología y sus Instrumentos es un libro muy poco común. Me explico; no es sólo un catálogo, no es sólo un texto de historia de la fisiología, no es sólo un escrito artístico, no es sólo el producto de un proyecto de investigación, creo que es todo a la vez, y regreso a lo que decía al principio, como presentar a una persona compleja, interesante, diferente, curiosa en unas cuantas palabras y aquí con ustedes, como platicar de una obra de tal envergadura en unos cuantos minutos.

Pero intentando ser ordenada, me referiré primero el eje del libro: es decir la Fisiología Humana. Claudio Bernard el gran fisiólogo francés que en el libro de Laura Cházaro es multicitado, decía que la fisiología es la reina de la medicina, yo creo que tenía mucha razón porque justamente la medicina se hizo científica cuando se apoyó casi totalmente en la experimentación fisiológica. Lo que se afirmara acerca de cómo funciona el cuerpo humano, debía apoyarse en los experimentos y éstos debían cumplir dos reglas prácticamente sin excepción: ser realizados in vivo, es decir en las condiciones más naturales posible, y ser diseñados con los parámetros de la física, de las matemáticas, de la estadística. En otras palabras, no había lugar para la especulación o el juicio de autoridad, lo afirmado acerca del funcionamiento de los seres vivos, debía ser producto del razonamiento ordenado, en el marco de la investigación científica, el objetivo era poder emitir una conclusión, justa, real, verdadera en la medida del trabajo de laboratorio. Como ejemplo baste sólo hojear el libro que nos ocupa y ver la multitud de funciones que medían esos aparatos, las descubrían en animales vivos y las sistematizaban con los parámetros de las ciencias físico-matemáticas. No había lugar para figuraciones o imaginerías.

La medicina se hizo ciencia porque el cuerpo humano y sus enfermedades se vieron de un modo totalmente diferente, con un enfoque racional, el pensamiento fisiológico explicó lo normal y lo patológico y como bien dice la doctora Cházaro, la clínica o sea el abordaje del enfermo cambió diametralmente. Entonces los signos del paciente adquirieron una explicación fisiológica, científica, no mágica ni religiosa. En el gremio de los historiadores de nuestra disciplina, se ve con cierta desconfianza dimensionar el impacto del Positivismo en la medicina, pero es que no pudo ser de otra manera si recordamos que había que atenerse a lo medible, a lo perceptible físicamente para hacer una aseveración sobre el funcionamiento del cuerpo humano y esa corriente filosófica que imperó en el siglo XIX, pesó mucho, casi de modo obsesivo en la conducta científica de los investigadores de entonces.

En este sentido, la autora usa reiteradamente el término estandarización en su libro y con justa razón. ¿Cómo diseñar un aparato o instrumento si antes no pensamos como se debe comportar?, ¿qué criterio deberá obedecer para actuar?, ¿cuáles son los límites de los que va a medir?, ¿dónde está la frontera entre lo normal y lo patológico?, ¿entre lo bueno y lo raro o malo? Así pues, lo primero antes de explicar lo anormal, fue entender lo normal, es decir la propia función. Casi todos los instrumentos que estudió la doctora Cházaro, fueron ideados para en primera instancia definir una función cuya existencia se sospechaba pero no se conocía con certeza. Antes de hablar de patología cardíaca, hay que saber para qué sirve y cómo funciona el corazón, para eso sirven los aparatos y La Fisiología y sus Instrumentos nos hace recapacitar en todo lo anterior.

Cuando en mis cursos de historia de la medicina llegó a la parte mexicana, soy muy enfática en decirles a mis jóvenes alumnos que en México, desde el porfiriato, se hace investigación científica en biomedicina y además de alta calidad. Que no crean cuando le dicen que somos un país sin tradición científica, que empezamos a hacer ciencia hasta bien entrado el siglo XX y que además, si ésta se hizo, fue de menor calidad en relación con la que se realizaba en los países de primer mundo. Mi posición queda ampliamente demostrada con el libro de Laura Cházaro. A través de los instrumentos y para que servían, ella nos informa acuciosamente de las investigaciones que se llevaban a cabo en los Institutos y Escuelas, quienes eran los científicos, sus avatares, sus ideas, sus inquietudes por desentrañar los secretos de la naturaleza. José Joaquín Izquierdo, también múltiples veces recordado en el libro, escribe en su texto Balance Cuatricentenario de la Fisiología en México, que la investigación en fisiología empezó con él en nuestro país, que antes de él no hubo nada. Desafortunadamente muchos creen en esta afirmación, falsa y de poco reconocimiento al trabajo de sus antecesores, mismos que también menciona Laura Cházaro.

Los instrumentos; quizá esos son los personajes principales de este libro y no tanto la fisiología. El mundo de los instrumentos es un mundo raro, misterioso, fantástico, enigmático. ¿Por qué le interesan tanto a la autora, al grado de dedicarles un libro? Laura nos transmite su pasión por los instrumentos y subliminalmente nos lleva a pensar que son seres vivos, igual que los juguetes que despiertan en la noche y se comportan como humanos. Sé que hay una vertiente en la historia de la ciencia cuyo objeto de estudio son los instrumentos, pero los que interpretan las funciones de la vida me parecen especiales, justamente porque se atreven a curiosear en lo que todavía no entendemos, la vida. Y solo una curiosidad causada por mi ignorancia, me gustaría saber porque la autora usó en su título la palabra instrumentos y no aparatos. Los dos términos tienen una connotación diferente, pero ambos se acomodarían igualmente bien a la obra y seguro ella tuvo razones para preferir una sobre otra.

¿Qué haría la medicina contemporánea sin instrumentos?, nadie como el médico necesita de sus cinco sentidos para ejercer su oficio y los instrumentos son una extensión de sus sentidos. Permiten escuchar, ver, tocar, oler y hasta gustar lo que no es posible percibir directamente, quien hubiera imaginado lo que ahora sabemos con certeza sin la ayuda de los instrumentos.

Las fotos son magníficas y muy reveladoras, unos son hermosos, otros extrañísimos, ninguno me pareció feo. De hecho el de la portada es muy atractivo, es una base para sujetar palomas y yo lo había visto en los informes que el doctor Daniel Vergara Lope rendía a las autoridades del Instituto Médico Nacional. Me asombró saber que era de hechura mexicana e ideado por el mismo Vergara Lope.

Pero yo creo que casos como el del sujetador fueron los menos, es decir, no existen imágenes del aparato en escritos y la explicación de para qué sirven. De modo que la labor de identificación debe haber sido titánica, ¿cómo logró saber la autora cuál era el fin de tantos instrumentos? Muchos en nuestros días no tiene sentido como el olfatómetro, mismo del que pongo en duda su capacidad y certeza para medir el olfato. También debe haber sido difícil decidir cómo agruparlos y creo que hacerlo por constructores fue muy afortunado. Antes de ser historiadora fui estudiante en un laboratorio de investigación y recuerdo como el investigador principal buscaba contacto con constructores de aparatos que no existían, pero que él pretendía construir para medir variables biológicas de modo que pudiera responder preguntas que se le ocurrían. Ahora la industria del instrumento científico es una empresa con grandes intereses económicos nacionales y transnacionales y hasta políticos. El concepto de constructor ha pasado a la historia así como el de perforista, dibujante o proyectista que yo llegué a conocer.

También me llamó mucho la atención que la autora ubicó en esos aparatos, la mayoría del siglo XIX, unos destinados a medir lo que ella llama reacciones psicomotoras y que me parece corresponderían a lo que ahora es la psicofísica, de importancia evidente en la moderna neurociencia. Estos instrumentos, como los que hicieron científica a la fisiología, hicieron a su vez científica a la psicología y sentaron las bases metodológicas del estudio de importantes funciones cerebrales. Concluyo que los instrumentos son la manifestación curiosa del ingenio humano.

¿Qué llevó a la doctora Laura Cházaro a interesarse tan profundamente en los instrumentos que miden variables fisiológicas? Espero encontrarla pronto para que me saque de la duda, por lo pronto a través del libro me queda claro que es inquisitiva, curiosa, estudiosa y poseedora de una inteligencia abstracta muy profunda.

Dra. Ana Cecilia Rodríguez de Romo
Profesor titular C tiempo completo definitivo
Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina
Facultad de Medicina, UNAM
Laboratorio de Historia de la Medicina
Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía